El viernes pasado salimos a tomar fotografías in situ como parte del Seminario de fotografía que estamos realizando. Ya en la práctica fotográfica, ¡por fin!
Habíamos quedado en vernos en un punto céntrico de Ciudad Juárez así que el punto de reunión fue la fuente donde aguarda sentado y feliz con su puro el señor Don Tin Tan. No hay pierde.
A la clase llegaron tres, así que pronto comenzamos.
Al punto del mediodía el sol lanzaba sus rayos candentes y blancos directos. Hicimos un breve recorrido iniciando justo en el Tin Tan donde observamos a la gente acercarse fascinada a retratarse con la pieza en cuestión. Muy buenos retratos, sin duda.
Pasamos un momento al atrio de la Catedral. Entramos a observar el interior de la Misión de Guadalupe, mi idea era pedirles observar los detalles del labrado de las vigas y las columnas (que ninguno de ellos había visto antes a detalle). Observar, observar, observar. Ver además entrar y salir a las señoras solas o acompañadas con aquella tranquilidad de quien acaba de aliviar todas sus penas.
En la plaza de nuevo, nos encontramos con el imprescindible señor elotero en plena acción de preparación de un delicioso elote entero (les debo la foto), que al principio respingó por el click inevitable, pero ya una vez aclarándole nuestra misión de enseñanza fotográfica, se quedó tranquilo y hasta se portó generoso con el grupo.
Aquí la importancia de ir juntos y además, de tener bien claro (para nosotros y para tranquilidad de los demás) de siempre explicar la función que tendrá esta imagen de ellos y su actividad que portaremos nosotros en delante.
Vimos además a los fotógrafos moneros que tienen más de 20 años retratando a los visitantes, ahí, en esa misma zona de la plaza. Sorprendida quedé que cargan con una mini-impresora para poder entregar a sus clientes las fotografías del recuerdo en 4x6 pulgadas acabado brillante que a todos encanta, con tan solo insertar la memoria de su cámara ¡y listo! ¡Una maravilla! El cliente se lleva de inmediato su foto del recuerdo por tan solo 35 pesos.
Terminé más emocionada yo que mis alumnos, y es lógico, he transitado por más de dos décadas por el vertiginoso proceso tecnológico –de lo analógico a lo digital– de la impresión fotográfica en cuestión. Fui de la época de las diapositivas que los fotógrafos de los circos te entregaban tu visor de plástico con la imagen de tu felicidad ahí dentro, solo tenías que alzarla a la luz y ver. Luego pasé por la etapa de las fotografías obtenidas de cámaras polaroid, una única imagen que si la perdías, perdías parte de tu experiencia y tu memoria de aquel único momento vivido. Total, ellos no tienen esas referencias. Fue para mí un breve pero significativo momento nostálgico.
Caminamos atravesando la plaza para tomar la 16 de Septiembre, avanzamos, hicimos algunas fotos por la zona peatonal donde ahora están las bancas pintadas. Más adelante pasamos por los caballos vistosamente iluminados por artistas locales. Llegamos hasta el edificio Victoria, lugar donde en otro tiempo había vida dentro de un cine realmente esplendoroso.
La clase la definimos durante los trayectos y los puntos de llegada a los espacios. Intentar reflexionar a cerca de los temas que nos interesan, los encuadres, ¿cómo se percibe la luz en interior y en exterior?, la exposición en nuestra cámara ¿cómo variaría en una u otra situación de luz? Además, hacerles ver ¿cómo podemos abordar lo intangible? Sin duda había que observar la decadencia en la ausencia de ese esplendor que otrora iluminó la vida juarense.
Otro asunto de vital importancia: el de guardar respeto por los posibles retratados, ser sensatos y audaces a la vez, ser empáticos siempre. Contemplar la idea de solicitar aprobación para hacer las tomas, que algunas veces habrá de ser muy formalizada otras veces se dará a un nivel de complicidad simple, rápida y gestual.
De cualquier manera, estuvimos recorriendo estos espacios, hasta finalizar en el interior del Mercado Juárez. Vimos artesanías y con poquísima gente, entre los locatarios y una sola turista comprándole a uno de ellos.
Intenté averiguar si a alguno de mis alumnos le interesaba este lugar como opción de retrato y de paisaje cultural. Lo mismo quise saber si durante todo el recorrido por los espacios visitados ellos habrían dado con un tema específico que les gustara explorar un poco más. Lejos de que expresaran alguna idea convincente al respecto, simplemente decidieron seguir fotografiando aún habiendo terminado nuestra clase del recorrido del día viernes. Clase que por cierto terminó al salir del Mercado.
Sin duda ellos buscan acercarse a otros espacios, más suyos, más profundos que les hablen, que nos hablen de lo suyo, lo querido por ellos, lo aprehendido por ellos. Lo visto por sus ojos.
Sus curiosidades por la fotografía se traslucen en todas las preguntas que me plantean y sin duda que con el desarrollo de sus tomas fotográficas, ellos irán respondiéndolas.
Al final del recorrido hicimos una selfie de celular sin duda muy significativa para todos.
Me regresé contenta con una sola idea central:
En realidad NO se trata de enseñarles qué retratar sino de invitarles a reflexionar qué es lo que quieren decir con la imagen.
Sin duda hay una promesa de trabajo fotográfico intenso aquí mismo, se lee entre las líneas de esta imagen.









